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Adquisición de un gato

Un gato sano y bien cuidado puede vivir 20 años. Por eso cuando nos planteamos adquirir uno lo más importante es que estemos dispuestos a asumir la responsabilidad y el compromiso de su cuidado durante las próximas dos décadas. Adquirir un animal implica asumir nuestra dedicación para el futuro si no queremos contribuir a los miles de abandonos que lamentablemente se producen en España cada año.

La decisión de incluir un gato en la vida abre también todo un abanico de opciones: como la elección de raza, pelaje, color, sexo, edad e incluso podemos llegar a preguntarnos por la conveniencia de tener uno o más gatos.

Aparte del capricho personal y del estado de nuestro bolsillo, las respuestas a estos interrogantes dependerán de factores como el tiempo del que disponemos para su cuidado, la familia con la que convivirá, las horas que debe pasar en soledad o el tipo de casa en la que vivirá el animal.

Reglas de oro

Sea cual sea la mascota que finalmente llegue a nuestras manos, es importante informarse de su procedencia, de las condiciones y el hábitat en que ha sido criado, así como examinar su aspecto general, su vivacidad y su comportamiento ante los humanos. Lo ideal sería poder observarlo con la madre y el resto de la camada; pero como esto no siempre es posible, por principio elegiremos a un gatito sociable, que se muestre curioso y despierto y no temeroso y huidizo. Las señales más evidentes de buena salud en el cachorro son:
- Ojos brillantes y sin secreciones
- Orejas limpias y encías rosadas
- Pelaje limpio, sin manchas de diarrea bajo la cola o en las patas traseras
- Ninguna hinchazón en el vientre, lo que es síntoma de parásitos.

¿Criadero, tienda o centro de adopción?
Si optamos por adquirir un gatito de raza, merece la pena informarse exhaustivamente, consultando libros especializados, asistiendo a exposiciones felinas y visitando criaderos acreditados.
Si, por el contrario, se recoge a un animal abandonado o de procedencia poco conocida, la visita al veterinario es indispensable desde el mismo momento de su adopción, para que reconozca su estado general y efectúe los análisis pertinentes. Lo mismo se puede decir si lo adquirimos en una tienda de mascotas, aunque en este caso es posible que ellos mismos nos facilitarán los trámites y revisiones.
La adopción es una alternativa cada vez más extendida. En los albergues encontraremos gatos, adultos o jóvenes, esperando a ser rescatados y conducidos a la buena vida que merecen. Habitualmente se entregan los animales vacunados y desparasitados y, en muchos ocasiones, ya esterilizados.

¿Macho o hembra?

Si no pensamos criar, lo más aconsejable es esterilizar al gatito en cuanto el veterinario lo autorice. En este caso, no hay diferencia entre machos y hembras, salvo en el tamaño, ligeramente mayor en los primeros.
En las hembras la esterilización se puede realizar en cualquier momento; sin embargo, si se espera demasiado tiempo para castrar a un gato macho, en algunos casos no desaparecerá su instinto de marcación del territorio con orina, uno de los hábitos más molestos para la convivencia.

Si, por el contrario, queremos que la gata cumpla con su ciclo reproductor conviene estar pendientes de los celos para planificar la gestación y vigilar que ésta no se produzca hasta pasados los dos primeros celos, pues un embarazo temprano influiría en su desarrollo y en el de las crías. Una alternativa para evitar los celos, que en algunas razas pueden ser muy fuertes y continuos, es la administración de inhibidores, siempre bajo supervisión veterinaria.

Los machos no castrados tienden a ser más agresivos y menos caseros, y por temporadas intentarán escapar a deambular por los alrededores y a pelear con otros machos; también pueden ausentarse durante días e incluso desaparecer definitivamente.


L
a mejor edad
 
Aproximadamente con 4 semanas los gatitos comienzan a comer alimento sólido, alternando con la leche materna. Teóricamente dejan de depender de su madre con el destete total, hacia las 8 semanas, pero hay muchas razones que aconsejan prolongar esta relación hasta los tres meses cumplidos.


El cachorro que ha llegado a las 12 semanas en compañía de sus congéneres es más seguro, confiado y cariñoso, con lo que el paso a la convivencia con humanos se hará mucho más suave y fácilmente que si se le separa de su ambiente de manera prematura.

El aprendizaje del aseo, el uso de la bandeja sanitaria y la socialización se deberían producir, idealmente, en compañía de la madre y del resto de los componentes de la camada.

Si se adopta a un gato adulto, su adaptación será más lenta que la de un gato joven, debido a su carácter marcadamente territorial e independiente, pero con el tiempo se integrará perfectamente a la vida familiar. La situación contraria, la de un gatito que aún no ha sido destetado, exige de muchos cuidados: alimentación con leche maternizada especial para cachorros, biberones o jeringuillas y muchos desvelos, sin la plena seguridad de conseguir sacarlo adelante.

Dos o más gatos en casa


Para tomar esta decisión, tomaremos en cuenta diferentes criterios tales como los metros y la distribución de la vivienda, el tiempo y el importe necesario para atender su manutención y cuidados sanitarios y la procedencia y socialización de los propios gatos. Aunque por su naturaleza, tienden a ser animales solitarios, se pueden acostumbrar a la vida en grupo y llegar a disfrutar de ella, dedicando parte de su tiempo a jugar entre ellos, una actividad que además de entretenerles nos ayudará mantenerles en forma y a evitar conductas inapropiadas.

Si de lo que se trata es de llevar un gato nuevo a una casa donde ya hay otro gato, hay que tener en cuenta que, esterilizados o no, suelen aceptar mejor a los del sexo contrario y a los de corta edad. Los primeros días, después de la presentación, habrá que tener al recién llegado relativamente aislado para que el más veterano pueda acostumbrarse a su olor y a su presencia y no se sienta relegado.

Cada animal debería disponer de su propio espacio vital y su propia caja de arena, ya que a la mayoría de ellos no les gusta compartirla.

Elección de la raza
  El gato común

En términos de fortaleza, los gatos comunes, cuya selección genética sido realizada por la propia naturaleza, son más resistentes a enfermedades que los gatos de líneas muy seleccionadas, lo que hay que tener en cuenta al elegir al animal.

También se dice de ellos que son más inteligentes y vivaces que los gatos de raza y no suelen presentar problemas con la reproducción, como sucede en ocasiones con sus primos aristócratas. Los colores más habituales del gato común son el negro y el atigrado, aunque también son clásicos los azules, rojos y bicolores.

Gatos de raza

Existe una gran variedad de razas de gatos, con características propias para cada una de ellas, tanto morfológicas como de carácter. Los rasgos físicos que más diferencian a unas razas de otras son la forma del cráneo, orejas y hocico, que pueden ser cortos y achatados como en el caso del Persa, con orejas cortas y ancha barbilla; o de cabezas más estilizadas, como los orientales y los siameses, con barbillas más puntiagudas.
Las proporciones y los tamaños varían poco entre razas, salvo excepciones de grandes gatos, como el gato de los bosques Noruego o el Maine; o diminutos como algunos orientales.
 

El largo del pelaje

Las razas se suelen clasificar en tres grupos, atendiendo al tipo del pelaje: largo, semilargo y corto o desnudo, como el curioso Esfinge, que posee una suave pelusa a modo de manto. Como es lógico, los gatos de pelo largo y semilargo requieren cepillados diarios, de lo contrario aparecerán nudos e incluso problemas con la piel.

En cuanto al pelo corto, se cuida prácticamente solo y con uno o dos cepillados semanales es suficiente, mientras que el pelo muy corto o desnudo, puede ser una buena opción para las personas con alergias.


El pedigrí

 Es la carta de identidad de un gato de pura raza. En él se registra desde la fecha de nacimiento al linaje completo, con información de varias generaciones hacia atrás y premios obtenidos en campeonatos de todos sus antecesores.

El pedigrí es una garantía de raza que el propio criador nos facilitará. Es especialmente importante en el caso de que compremos un gato destinado a participar en exposiciones o nos dediquemos a la cría especializada; aunque no sea requisito imprescindible, pues en la mayoría de concursos existe una categoría para gatos comunes.
 


Carácter del gato

Hay gatos tranquilos, como los persas; otros sociables y juguetones, como los populares siameses; gatos tan comunicativos que siempre contestan cuando se les habla, como los birmanos; y otros tan tímidos, que no se relacionan con desconocidos, como es el Azul ruso, por ejemplo.

Aunque la educación y el ambiente tienen una gran influencia en el carácter que desarrolle el gato, existen algunas inclinaciones naturales en cuanto a temperamento que conviene conocer a la hora de elegir la mascota que mejor se adapte a nuestra propia personalidad.

Llegada a la nueva casa

Para un gato un cambio de entorno supone un impacto muy fuerte. No encuentra sus escondrijos, ni la barriga de la madre ni reconoce tampoco los olores a los que estaba acostumbrado. Es aconsejable que reconozca el nuevo espacio de día para que, al llegar la noche, no sienta tanta inseguridad.
Lo primero que hará será buscar protección y tratará de refugiarse en camas o sofás. Debemos ser coherentes a la hora de indicarle desde un principio dónde puede estar y dónde no.
Le mostraremos la bandeja higiénica para que se acostumbre. Si no hace sus necesidades en ella, recogeremos los excrementos y los meteremos en la bandeja junto al cachorro, que tendrá que ocuparse de cubrirlos con la arena.
Los primeros días su estado emocional puede estar un poco alterado debido a los cambios y esto puede provocarle diarrea o estreñimiento. Sin embargo a los pocos días la situación se habrá normalizado.
Cuando haya otro animal en casa deberemos evitar que se sienta desplazado por el nuevo inquilino.

   El dormir

Su gatito nuevo (dependiendo de lo pequeño que sea) puede dormir hasta 16 horas al día. Propóngale un lugar para dormir, pero tenga en cuenta que una vez se haya establecido será muy difícil que quiera cambiar de lugar.

Comunicación Felina

Si queremos ser ‘amigos’ de nuestras mascotas, más nos vale aprender algo sobre su idioma y sus códigos de comunicación.

Combinando ronroneos, maullidos y actitudes corporales los gatos nos transmiten alegría, necesidad, miedo o enfado.
Comprender su lenguaje nos ayudará a mantener una relación sana con nuestro gato y a detectar situaciones problemáticas o relacionadas con su salud.
Las vías de comunicación de las que dispone un gato son tres:

• La comunicación auditiva
• El lenguaje corporal
• La comunicación por el olfato
 

  La comunicación auditiva

Los gatos emiten diversos tipos de vocalizaciones que les permiten comunicarse con nosotros y con sus semejantes. Este tipo de lenguaje lo pueden utilizar cuando están cerca de otro individuo, pero les permite también comunicarse a una distancia considerable o cuando no hay contacto visual. Las vocalizaciones emitidas por los gatos pueden ser:

Maullidos: Los gatos maúllan en multitud de ocasiones, siendo preciso en muchos casos, atender al resto de señales emitidas para comprenderlo de forma acertada. De modo orientativo podemos considerar que si el maullido es corto y débil el gato está llamando la atención sobre algo que necesita, como comida o que le abran la puerta. En su época de celo, el gato emitirá maullidos largos y entrecortados, que se repetirán durante toda la noche a menos que se opte por la castración o la esterilización.


Ronroneos: Sus sonidos cortos y roncos que se suelen presentar en momentos de relajación y bienestar y mientras las gatas amamantan a sus crías.

Bufidos o gruñidos: Son mecanismos de defensa que se combinan con el erizamiento del pelo y el típico gesto del gato arqueado sobre sus patas. De esta manera el gato aparece más fiero y grande ante su amenaza.

El lenguaje corporal
La mímica del gato juega con la expresión de la cara, la posición de las orejas o de la cabeza. Este ‘lenguaje postural’ permite a estos grandes actores manipular a su amo para obtener lo que necesitan.
Un gato confiado levantará la cabeza, mientras que uno asustado la agachará y acompañando a este movimiento, cada una de las partes de su rostro contribuirán a reforzar el mensaje.

Así pues:
Un gato relajado tendrá las orejas levantadas, las pupilas normales para la cantidad de luz recibida y los bigotes relajados.

Uno enfadado tirará las orejas hacia atrás, las pupilas se contraerán y los bigotes se desplazarán hacia delante.

Uno asustado agachara las orejas y los bigotes, dilatando las pupilas.

Un gato preparado para la caza mantendrá las orejas levantadas y echadas hacia a delante, las pupilas abiertas y los bigotes hacia el frente.

A la hora de valorar el mensaje tan importante como la cabeza es el cuerpo y la cola del animal, que emiten un mensaje que resulta mucho más evidente y fácil de interpretar.


Un gato tranquilo, tendrá los músculos relajados y el pelo liso.

Cuando se esté preparando para un ataque ofensivo, (como cuando defienden su territorio), sus músculos estarán tensos y balanceará su cola, manteniéndola cerca del cuerpo, pudiendo tener el pelo erizado.
Un gato que quiere mostrar una postura de sumisión, se acurrucará en el suelo y su pelo se mantendrá liso. La cola se mantendrá pegada al cuerpo y la punta puede balancearse golpeando el suelo.

Un gato asustado que se prepare para atacar, mostrara la típica forma de herradura, con el lomo arqueado y la cola levantada. El pelo erizado contribuirá a reforzar el mensaje sobre sus intenciones.

Responder al lenguaje

Hay que tener en cuenta que algunos comportamientos pueden denotar problemas emocionales o situaciones de ansiedad. Si un gato se lame o asea de forma compulsiva, maúlla repetidamente o chupa tejidos, puede que sufra un trastorno o un problema físico. El carácter de un gato y su forma de comunicarse viene dado en parte por su herencia genética y en parte por su entorno. Entender sus mensajes nos permitirá responder de manera adecuada y aplicar la mejor terapia para nuestro gato.