
A diferencia de los canes, los gatos no son a priori animales sociales. Si han convivido desde cachorros con humanos es probable que tengan más tendencia a intimar con nosotros y será difícil que acepten convivir con alguna otra especie, si no la han conocido en las primeras semanas de vida.
En el caso de gatitos separados prematuramente de la camada, podemos llegar a ver este mismo rechazo hacia los otros gatos.
Esto es debido al llamado período crítico de socialización, una etapa fundamental en la vida del gatito, en la que aprenderá a reconocer aquellas especies con las que vaya a convivir y se habituará a los estímulos del entorno. Este período transcurre entre la 3º y la 9ª semana de vida y durante el mismo todos los acontecimientos dejan una huella especialmente profunda que determinaran en buena medida la forma de ser del gato adulto. Fuera de esta etapa, sigue siendo posible que el gato se habitúe a nuevas situaciones, pero siempre será un proceso más lento y laborioso que nunca llegará a dejar la misma impronta que durante las primeras semanas de vida. Así pues, el carácter de un gato estará determinado por su herencia genética y por las experiencias vividas, en especial durante los primeros meses de vida.
En cualquier caso, nosotros como propietarios, al proveerles de alimento y protección establecemos de por sí una relación perdurable en dos sentidos: el gato debe aprender a convivir bajo nuestras normas y nosotros a ser responsables de su cuidado.
Debemos entender la mente del gato y medir bien la disciplina que pretendemos aplicar, que debe utilizarse sólo cuando sea necesaria y como enseñanza, no como castigo.

La socialización de su gatito dependerá de la cantidad y sobre todo de la calidad de los contactos que tenga con diferentes personas y animales.
Si conseguimos que interactúe de forma agradable, como puede ser mediante el juego, con distintos individuos de aquellas especies con las que tenga que convivir, conseguiremos una óptima socialización para la edad adulta.
Es igualmente importante que reciba la mayor variedad de estímulos ambientales posibles, lo que nos ayudará a evitar miedos futuros.
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Los gatos y los niños |

Los gatos y los niños: la relación entre ambos es cuestión de respeto mutuo.
Un gato puede ser la mascota ideal para un niño, siempre que un adulto se ocupe de educar a ambos: al niño, para que trate con suavidad al felino; y a éste para que reprima su instinto de arañar y morder ante cualquier estímulo.
Hay que hacer entender al niño que el animal no es un juguete y que cada especie tiene un comportamiento propio. En el caso de los gatos, aunque pueden ser muy sociables, necesitan momentos de retiro y tranquilidad, en los que no deben ser molestados.
Además, los gatos no suelen tener la paciencia necesaria para soportar manipulaciones bruscas, como tirones de orejas y cola, persecuciones o estrujamientos y ante ellos puede responder con nerviosismo y agresividad, provocando arañazos, mordeduras y llantos.
Juegos seguros
El uso de pelotas, ratones u otra clase de juguetes que rueden o se puedan lanzar es la mejor opción para evitar accidentes y asegurar la diversión de los dos.
La cara y las manos del niño deben mantenerse a distancia de las garras del gato y su recorte periódico puede ser una buena solución para prevenir rasguños.
Fomentar la responsabilidad
Asumir responsabilidades ayuda en el desarrollo del niño. A medida que van conociendo a su mascota, los niños establecen un lazo más emocional y menos lúdico con ella. Los juegos bruscos dan paso a entrenamientos, rutinas, charlas y complicidades a las que el gato responde de muy buen grado.
Es también el momento de que el niño se ocupe de su cuidado, como el cepillado, el suministro de comida y cambio del agua e incluso limpieza de la bandeja higiénica.
El cuidado responsable de animales aporta numerosos beneficios al niño: un desarrollo emocional más equilibrado, adquisición de sentido de la responsabilidad y un mejor conocimiento de la naturaleza y la fisiología del animal. Los psicólogos aseguran que los gatos, precisamente por su falta de sumisión y su rápida respuesta ante los estímulos desagradables, resultan de utilidad para que los niños aprendan a respetar los límites y las exigencias ajenas.
Riesgos y peligros
Salvo en caso de alergias muy pronunciadas al pelaje del animal, un gato no representa riesgo alguno para la salud del niño si se observan los criterios mínimos de higienes y cuidados sanitarios. Es importante llevar al día el calendario de vacunaciones y el desparasitado interno y externo del animal, para evitar cualquier tipo de zoonosis. Las estancias y utensilios que utiliza el gato, así como la bandeja sanitaria también deben ser debidamente higienizados a diario. (link con higiene del gato)
Hay que desinfectar inmediatamente cualquier arañazo o herida que se produzca jugando y, por elemental precaución, no conviene dejar a solas con un gato a un bebé o con un niño muy pequeño.
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Gatos y otras mascotas
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Cambios bruscos en su entorno como la aparición de un nuevo miembro en la familia, ya sea humano o animal, o como alteraciones en la distribución de los muebles, pueden poner nervioso a un gato. Los gatos buscan, ante todo, estabilidad.
Otros gatos
Los gatos son animales muy territoriales, por ello a la hora de introducir un nuevo ejemplar en un hogar donde ya vivan uno o más gatos, debemos actuar con precaución. En un principio mantendremos al nuevo huésped separado del gato de la casa, de este modo evitaremos ataques y tendrán la ocasión de irse habituando poco a poco a su mutua presencia. Mientras se encuentren uno en presencia del otro, podemos ofrecerles un poco de su alimento preferido, de este modo ayudaremos a que perciban su cercanía como algo positivo. Cuando su confianza haya aumentado, podemos empezar a juntarlos.
En un primer momento haremos breves contactos bajo nuestra supervisión para, si todo discurre con tranquilidad, poderles ya dejar convivir el uno con el otro.
En ocasiones puede necesitarse bastante tiempo para que dos gatos se lleguen a llevar bien, debemos ser pacientes y en ningún caso intentar forzar la convivencia, ya que esto podría crear una fuerte situación de estrés que provocara agresiones entre los gatos e incluso hacia las personas.
Otros animales domésticos
Para que dos animales de distinta especie convivan juntos, es preciso que exista una buena socialización. Por ello antes de introducir a una nueva mascota, debemos plantearnos si la que ya poseemos, cumple esta condición y si a manifestado alguna agresión hacia otros animales. Si tras esta reflexión no encontramos ningún impedimento, siempre será mejor el recién llegado sea un cachorro de corta edad, lo que le permitirá habituarse con el entorno con mayor rapidez y aceptar al otro animal como parte de este.
Como en el caso anterior, es preferible obrar con precaución sin querer forzar la situación y supervisando los primeros contactos antes de dejarles solos.

Respecto a los pequeños animales de compañía (pájaros, peces, etc.) no hemos de olvidar que el gato es un animal carnívoro depredador y aunque sea doméstico conserva el instinto de caza.
No podemos esperar que el animal comprenda que entre sus posibles presas no deben estar los canarios y los peces de colores.
Por lo tanto, coloque estos pequeños animales fuera del alcance del gato. No obstante, con una buena socialización, existe la posibilidad que nuestro gato conviva pacíficamente con ellos.
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